28 de mayo de 2017

La gran estafa sexual

"Se apresuran hacia la Ophrys. A veces dos o tres chocan sobre la misma flor hasta que uno de ellos toma posesión del lugar. [...] La punta del abdomen empieza a agitarse contra estos pelos con movimientos desordenados, casi convulsivos y el insecto se menea de un lado a otro."

Flor de Ophrys scolopax, una especie de orquídea polinizada por abejas del género Eucera. Campodarbe (Huesca).
Flor de Ophrys scolopax, una especie de orquídea polinizada por abejas del género Eucera. Campodarbe (Huesca).



No, no es la descripción de la cópula de ninguna especie, ni un fragmento de algún extraño relato erótico con algún insecto como protagonista. Es la forma en la que Alexandre Pouyanne describía el comportamiento de los machos de la avispa Dasyscolia ciliata alrededor de las flores de Ophrys speculum.
Al contrario que Darwin (que en su libro La Fecundación de las Orquídeas concluía que "Algo parece estar fuera de lugar en la maquinaria de la vida" al referirse a una especie de este grupo), Pouyanne tuvo la suerte de observar en detalle la polinización de estas auténticas estrategas del reino vegetal que son las orquídeas del género Ophrys. Y es que el "padre de la evolución" tuvo más de un dolor de cabeza al tratar de desvelar cómo unas flores que no producen néctar y que, bajo el olfato humano, no presentan ninguna esencia notable conseguían ser polinizadas por insecto alguno.
Por lo general la polinización de la mayoría de las flores consiste en un trueque en el que ambas partes reciben un beneficio (transporte del polen) a cambio de un servicio (néctar, parte del polen...); pero con las Ophrys, como la que protagoniza esta entrada, es diferente. Estas plantas son las responsables de la que es posiblemente la mayor estafa sexual de la naturaleza.

A lo largo de su evolución, las angiospermas han competido entre sí para producir las flores más llamativas y atraer así a un mayor número de polinizadores; lo que se traduce en una mayor facilidad para distribuir su polen hasta otras plantas y aumentar la diversidad genética de la especie. Pero cuando una planta se especializa tanto y confía su polinización a unas pocas especies o directamente a una sola especie de insecto, elimina casi completamente la competencia con otras plantas, pues ese polinizador transportará su polen casi de forma exclusiva. Las demás plantas nunca podrán atraer a esa especie de insecto con tanta eficacia como lo hacen en este caso las Ophrys.
Sin embargo, esta estrategia conlleva ciertos riesgos. Y es que desde el momento que una especie alcanza tal punto de especialización, su futuro queda tan íntimamente ligado a su polinizador  que la desaparición del insecto supondrá la inevitable desaparición de la planta en cuestión.
Es por esto que una vez elegido el sendero de la especialización, ésta tiene que ser lo más sofisiticada e infalible posible de modo que el el riesgo asumido merezca la pena y sea evolutivamente estable.
Las orquídeas del género Ophrys han llevado esta especialización hasta el extremo.

La ciencia tuvo que avanzar un trecho importante y unas cuantas décadas desde Darwin para averiguar qué mecanismos ocultos desencadenan este frenesí entre machos por llegar a "copular" con una flor, más allá de su parecido estético a una rudimentaria hembra de insecto.
Definitivamente, el papel más importante en este engaño lo desempeñan las feromonas que, si bien son indetectables por nuestro olfato, son la guía que marca las pautas de vida de multitud de especies de insectos. Les indican dónde y cuándo acudir para encontrar pareja y conseguir perpetuar sus genes en las siguientes generaciones.

Como advirtiendo en este comportamiento una debilidad, las Ophrys a lo largo de su evolución han desarrollado unos compuestos muy parecidos (en ocasiones idénticos o hasta mejores) a los de las hembras de varias especies de himenópteros (abejas, avispas y abejorros principalmente).
Los machos a menudo emergen en su forma adulta antes que las hembras de su especie, de modo que ante una temporal ausencia de hembras, se ven fuertemente atraídos por las flores de estas plantas. El fin tras este engaño no es otro que el de atraerlos y, mientras dan lo mejor de sí, endosarles los polinios para que los trasladen a la siguiente flor que consiga engañarles.

Pero no sólo las feromonas juegan un papel importante en esta engañifa sexual. La puesta en escena y localización de esta "hembra señuelo" también están seleccionados específicamente.

El color del resto de la flor también se parece al de las flores nutricias de las hembras, haciendo casi infalible la puesta en escena de Ophrys scolopax. Campodarbe (Huesca).
El color del resto de la flor también se parece al de las flores nutricias de las hembras, haciendo casi infalible la puesta en escena de Ophrys scolopax. Campodarbe (Huesca).

Los labelos de las Ophrys han adoptado formas y colores similares a los de las especies en cuestión. Incluso la microestructura de su superficie produce reflejos e iridiscencias similares a los del exoesqueleto de las hembras bajo la luz del sol y que tan atrayentes resultan a los machos.

En cuanto a la situación de la falsa hembra entra en juego la disposición del resto de la flor.
Como buenas monocotiledóneas el perianto de las orquídeas presenta tres pétalos (uno de ellos transformado en labelo) y tres sépalos, y su color tampoco queda fuera del guión. Resulta que el color de este perianto acompañante en algunas especies presenta un color muy parecido al de las flores de las que se alimentan las hembras de los insectos engañados, después de emerger y adoptar su estado adulto. En laO. scolopax como la de las fotografías es un blanco rosáceo. De esta forma, cuando el macho "huele" y ve a una supuesta hembra, la ve posada sobre una flor del mismo color que las que frecuentan las hembras reales para alimentarse. Esto termina de convencerlo para que se lance sobre el labelo e inicie su intento de apareamiento.

Una vez ha aterrizado, las Ophrys deben asegurarse de que el macho va a transportar su polen (contra su voluntad) a otras flores. Ya no es la apariencia visual lo que consigue retener a los machos en su de antemano fallido intento de cópula... La cosa va mucho más allá, pero ante el riesgo de alargar demasiado esta entrada, prefiero detallar la segunda parte de esta gran estafa sexual en una entrada futura.

Continuará...

Y de propina...
Es tal la especialización de algunas especies para atraer a los machos polinizadores que, durante uno de los estudios realizados sobre la composición de las feromonas de Ophrys exaltata y su eficacia para atraer a los machos de la especie Colletes cunicularius, los investigadores (Vereecken & Schiestl, 2008) observaron sorprendidos cómo éstos preferían  aparearse en un número mayor de casos con las flores que con las auténticas hembras de su misma especie. El cóctel de feromonas empleado por la flor ha superado al empleado por las hembras auténticas.



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