3 de octubre de 2016

La era de los dinosaurios voladores

Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) posado cerca del agua, Formentera. La grasa de sus plumas repele el agua a modo de aislante.
Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) posado, Formentera. La nanoestructura y grasa de sus plumas repele el agua a modo de aislante.



Los dinosaurios no se extinguieron, asumámoslo.
Sus estrategias evolutivas les confirieron ventaja sobre el resto de grupos y dominaron la Tierra durante cerca de 135 millones de años (ahí es nada) en los que se diversificaron dando lugar a multitud de formas. Allá por el Jurásico algunos de ellos pertenecientes a los terópodos dieron un paso que marcaría una diferencia tremendamente importante en su futuro evolutivo: desarrollaron plumas.
Entonces llegó aquel evento de extinción K/Pg (Cretácico/Paleógeno) provocado por un meteorito que hace 66 millones de años puso fin a muchísimos linajes de dinosaurios. Pero no a todos.
Algunos de estos terópodos resistieron a esta extinción y lograron sobrevivir otros 66 millones de años más, diversificándose en multitud de especies que aún hoy se encuentran entre nosotros. Los podemos ver y oír cada día en nuestros parques, balcones y jardines en forma de palomas, gorriones, gaviotas, urracas...

La inmensa mayoría de las aves han evolucionado acorde a una vida ligada en mayor o menor grado al medio aéreo, adaptando su cuerpo al mismo. El peso de sus huesos ha disminuido para reducir su densidad y por tanto el gasto de energía durante el vuelo; los folículos de su epidermis generan unas estructuras compuestas de queratina, al igual que nuestro pelo pero con una estructura mucho más compleja, conocidas como plumas y que cumplen multitud de funciones que han sido decisivas en la supervivencia de las aves. La más llamativa de estas funciones es la que cumplen en el proceso de vuelo; habilidad que ha permitido a estos animales aprovechar el medio aéreo, prácticamente sin explotar. Sin embargo, no son pocas las aves que han encontrado en el agua el nicho perfecto para obtener alimento; entre ellas los cormoranes como el de la fotografía de hoy.


El pico del cormorán moñudo está adaptado para capturar a sus presas bajo el agua.
El pico del cormorán moñudo está adaptado para capturar a sus presas bajo el agua.

Estas aves han encontrado un medio diferente al aéreo para alimentarse, adquiriendo una habilidad impresionante para bucear empleando sus grandes patas membranosas a modo de aletas para sumergirse a unas profundidades considerables. En particular, nuestro protagonista de hoy, el cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) es capaz de sumergirse nada más y nada menos que hasta los 43 metros de profundidad para alcanzar los bancos de sardinas y arenques que componen la mayor parte de su dieta. Teniendo en cuenta que en el agua de mar la presión aumenta aproximadamente a razón de 1 atmósfera por cada 10 metros, estas aves llegan a soportar una presión de hasta 5 atmósferas durante sus inmersiones.

A la vista de los acontecimientos, la próxima vez que observemos un ave no estaría de más recordar hasta dónde han sido capaces de llegar los (para tanta gente extintos) dinosaurios actuales.

Y de propina...
El nombre del cormorán deriva del francés "corve marin" o cuervo marino, nombre aún utilizado en varios idiomas. El epíteto específico hace referencia a Aristóteles quien además de filósofo fue un gran naturalista, describiendo en su tratado sobre zoología Historia animalium a los delfines como mamíferos y desentrañando la compleja estructura bucal de los erizos de mar, conocida también en su honor como linterna de Aristóteles.




Dominio
Reino
Filo
Subfilo
Superorden
Orden
Clase
Subclase
Orden
Familia
Género
Especie
Eukarya
Metazoa
(Animalia)
Chordata
Vertebrata
Dinosauria
Saurischia
Aves
Neornithes
Pelecaniformes
Phalacrocoracidae
Phalacrocorax
P.aristotelis

17 de agosto de 2016

Fuera de lugar

Inflorescencia de oreja de oso (Ramonda myconi) en el cañón de Añisclo (Huesca).
Inflorescencia de oreja de oso (Ramonda myconi) en el cañón de Añisclo (Huesca).



El clima era cálido y húmedo en todo el globo. La corriente circumpolar ártica aún no existía, por lo que el contraste climático entre el ecuador y los polos era muy débil. Las plantas tropicales, favorecidas por estas condiciones, se extendían hacia los polos llegando a sobrepasar los círculos polares, dónde formaron bosques de hoja ancha y caduca, creciendo incluso palmeras y baobabs en la costa de la Antártida (como demuestran los análisis del polen encontrado en el continente helado). Los mamíferos nos extendíamos y diversificábamos rápidamente por el planeta, disfrutando de la abundancia de alimentos que nos brindaban estos bosques y de la poca competencia que nos había dejado la extinción del Cretácico-Terciario (siendo correctos Cretácico-Paleógeno: la del meteorito)

Así estaba el panorama en la Tierra durante el Eoceno (hace 56 m.a.), cuando entre otras muchas plantas tropicales, las gesneriáceas (Gesneriaceae), a las que hoy pertenecen las tan conocidas violetas africanas, se extendieron por el hemisferio norte. Pero la Tierra no deja de cambiar y este ambiente tropical se fue enfriando durante el Neógeno y llegó definitivamente a su fin con las glaciaciones del Cuaternario, que cubrirían de hielo buena parte de nuestro hemisferio, dejando la presencia de estas plantas restringidas a las selvas tropicales que hoy en día ocupan.

Sin embargo, algunas especies de esta familia (tan representada hoy en Centroamérica, el Sureste Asiático, Oceanía y África) encontraron obstáculos en su camino de vuelta al toparse con las cadenas montañosas europeas. Sobrevivieron en nuestras latitudes a todas esas glaciaciones y quedaron atrapadas en varias cordilleras, donde permanecen como relictos de aquella época tan lejana. Una de ellas es la oreja de oso (Ramonda myconi) que habita en los Pirineos. Esta especie ha resistido creciendo en grietas de rocas calizas y en los recovecos más resguardados de la luz directa del sol y de las inclemencias del invierno pirenaico.

No son pocas las adaptaciones que han permitido a la oreja de oso perdurar hasta nuestros días entre las montañas pirenaicas. Esta planta acumula azúcares en la base del peciolo de sus hojas, de modo que cuando el agua escasea durante el verano (especialmente en las sierras exteriores) se marchita superficialmente adquiriendo un color pardo y exponiendo el envés peludo de sus hojas (de ahí el nombre de oreja de oso). Dichos pelos le ayudan a guardar la poca humedad restante y a captar por capilaridad el agua de las precipitaciones cuando la lluvia regrese; acelerando la reactivación de su metabolismo y el rebrote cuando las condiciones son favorables.

Y de propina...
Esta planta es capaz de absorber parte de las precipitaciones a través de las hojas (y no sólo por las raíces), algo no muy común entre las plantas vasculares.




Dominio
Reino
Subreino
Clado
Clado
Clado
Clado
Orden
Familia
Género
Especie
Eukarya
Archaeplastida
(Plantae)
Embryophyta
Spermatopsida
Angiospermae
Eucotyledoneae
Asteridae
Lamiales
Gesneriaceae
Ramonda
R. myconi

10 de julio de 2016

Vuelta atrás

Ejemplar joven de foca moteada (Phoca vitulina) reposando sobre su vientre. Son visibles sus extremidades posteriores transformadas para el nado.
Ejemplar joven de foca moteada (Phoca vitulina) reposando sobre su vientre. Son visibles sus extremidades posteriores transformadas para el nado.



Siendo mamíferos y habiendo evolucionado fuera del agua, los pinnípedos (Pinnipedia) presentan pulmones, pelo, mamas… Sin embargo, hace cerca de 24 millones de años, en el Ártico, los antepasados de este grupo volvieron al agua de los océanos donde encontraron un nuevo nicho que explotar. En él encontraron menos competencia por el alimento, y menos presión por parte de los depredadores terrestres, pero para poder aprovechar este medio tuvieron que transformar su cuerpo al medio acuático del que una vez salieron.
Lo adaptaron a las frías aguas oceánicas, mediante una gruesa capa de grasa bajo su piel. También al nado, adquiriendo una forma hidrodinámica al acortar y transformar sus extremidades (quiridios) a la propulsión dentro del agua. En este sentido, los fócidos o focas verdaderas (Phocidae), que se desplazan a saltos sobre su vientre, han perdido la capacidad de emplear las extremidades traseras para caminar fuera del agua; habilidad que aún conservan sus parientes los otaríidos (Otariidae), leones, osos y lobos marinos, capaces aún de pasar sus pies por debajo del cuerpo y caminar torpemente fuera del agua.

En lo que al aparato respiratorio se refiere también hubo cambios, pues sus narinas y oídos cuentan con esfínteres que les permiten cerrar a voluntad la conexión con el medio externo cuando se sumergen a profundidades de hasta 400 metros; que significan 40 atmósferas más de presión que en la superficie.

Focas moteadas (Phoca vitulina) aprovechando los últimos rayos de sol del día en Rathlin Island (Irlanda del Norte).
Focas moteadas (Phoca vitulina) aprovechando los últimos rayos de sol del día en Rathlin Island, Irlanda del Norte.

Ante estas elevadísimas presiones es prácticamente imposible que todo el oxígeno necesario sea almacenado en el aire de los pulmones sin que estos colapsen bajo la presión. Por eso también han sufrido cambios a nivel cardiovascular, aumentando su nivel de hemoglobina en sangre y de mioglobina en los músculos para aumentar la cantidad de oxígeno disponible en el organismo durante sus largas inmersiones.

Sin embargo a pesar de todas las adaptaciones de estos animales, aún hay un momento clave de su ciclo vital en el que las focas deben volver a tierra: el parto. A diferencia de los cetáceos, que sí desarrollan toda su vida en el agua, los pinnípedos deben salir a tierra firme para dar a luz a sus crías.

Y de propina...
Aunque las focas moteadas pueden llegar a la asombrosa profundidad de 400 metros, son superadas con creces por los elefantes marinos, que llegan hasta los 1.500 metros de profundidad.




Dominio
Reino
Subreino
Superfilo
Filo
Subfilo
Clado
Clase
Orden
Superfamilia
Familia
Género
Especie
Eukarya
Metazoa
(Animalia)
Eumetazoa
Deuterostomia
Chordata
Vertebrata
Therapsida
Mammalia
Carnivora
Pinnipedia
(Phocoidea)
Phocidae
Phoca
P. vitulina

24 de junio de 2016

Vivir en las islas

Podarcis pityusensis formenterae aprovechando los primeros rayos de sol en Formentera.
Podarcis pityusensis formenterae aprovechando los primeros rayos de sol en Formentera.



La evolución nos afecta a todos los seres vivos; no es nada nuevo. Sin embargo, hay multitud de factores que hacen que la presión ejercida por la tan conocida (y no siempre comprendida) selección natural actúe de forma más contundente sobre unos organismos que sobre otros. El aislamiento geográfico es uno de esos factores que cuentan con un gran protagonismo en la historia evolutiva de los de seres vivos; y muchas veces conocer un poquito de la historia geológica de nuestro planeta nos ayuda a explicarnos por qué podemos encontrar una especie en una zona en particular y no en otra de condiciones similares.

Hoy nos ocupa el caso de la lagartija de las Pitiusas (Podarcis pityusensis), habitante de esas pequeñas islas mediterráneas tan conocidas (también por su biodiversidad) que son Ibiza, Formentera y los islotes que las rodean. Estas islas e islotes quedaron separados entre sí después de que la crisis del Messiniense hiciera que el Mar Mediterráneo se secase casi por completo al cerrarse su conexión con el Océano Atlántico (hace 5,96 millones de años) y posteriormente se rellenase de nuevo durante el Plioceno (hace 5,33 m.a.) tras abrirse lo que ahora es el estrecho de Gibraltar. Desde entonces se han mantenido emergidas y aisladas tanto del continente como de las otras islas, y la flora y fauna de cada islote ha evolucionado de forma separada en cada uno de ellos.

Durante este tiempo las distintas condiciones ambientales han actuado de diferente manera sobre las poblaciones de cada uno de ellos, favoreciendo la divergencia entre ellas. Así se explican las variaciones existentes entre las lagartijas que podemos encontrar en cada islote. Algunos autores apuntan hasta 23 diferentes subespecies que variarían tanto en coloración y tamaño como en el número de escamas gulares (en la región de la garganta) y de laminillas en el cuarto dedo.

En los islotes que llevan más tiempo separados de los demás (y sus lagartijas, por lo tanto, evolucionando aisladas durante más tiempo) existen poblaciones de lagartijas de mayor tamaño y de coloración más oscura que en los otros. Por supuesto, la selección de estas modificaciones no es fruto del azar sino de la competencia intraespecífica. Así, un mayor tamaño supone una ventaja frente a los individuos más pequeños, tanto a la hora de encontrar alimento como a la de buscar un escondite donde pasar el letargo invernal. Por eso es habitual encontrar a las lagartijas de mayor tamaño en los mejores escondites, más protegidos de los depredadores.

Además los colores más oscuros favorecen un mejor aprovechamiento de la radiación solar en las primeras horas de la mañana; y para estos animales ectotermos, que dependen de dicha radiación para activar su metabolismo, ponerse en marcha cada día antes que los demás ejemplares es sin duda una ventaja.

Y de propina...
Hasta tal punto dependen del calor del sol estas lagartijas que durante el verano, su temperatura corporal varía en un mismo día desde los 28,5ºC hasta los 41,5ºC.




Dominio
Reino
Subreino
Superfilo
Filo
Subfilo
Clase
Orden
Familia
Género
Especie
Eukarya
Metazoa
(Animalia)
Eumetazoa
Deuterostomia
Chordata
Vertebrata
Sauropsida
Squamata
Lacertidae
Podarcis
P. pityusensis

22 de abril de 2016

El tercer pétalo

Inflorescencia de Orchis mascula de un ejemplar creciendo entre Cistus ladanifer en el monte de El Pardo (Madrid).
Inflorescencia de Orchis mascula de un ejemplar creciendo entre Cistus ladanifer en el monte de El Pardo (Madrid).



Para mucha gente son flores exóticas que sólo podemos ver en las regiones tropicales o en las floristerías a precios elevados y con unos cuidados muy difíciles; pero las orquídeas (Orchidaceae) conforman una de las dos familias de plantas más diversas (junto con Asteraceae, las compuestas), con cerca de 25.000 especies diferentes y una relativa facilidad para hibridar de forma natural. Es cierto que en los trópicos dicha diversidad alcanza su máximo, pero las orquídeas aparecen en multitud de hábitats diferentes y podemos encontrarlas distribuidas por todo el planeta, a excepción de los polos y los desiertos de arena.
Una de las características más llamativas de esta familia son las formas y colores de sus flores, que han evolucionado siguiendo de los modos más originales posibles para asegurar su polinización, que suele ser entomófila (llevada a cabo por insectos).

Si en esta entrada veíamos cómo se disponían las piezas florales en las monocotiledóneas; la mayoría de orquídeas, como la Orchis mascula que aquí nos ocupa, no hace demasiado caso de estas reglas.
En su perianto (verticilos no fértiles de la flor), pensado para llamar la atención de los polinizadores, sí que distinguimos tres sépalos (en violeta más oscuro) y tres pétalos no siempre fáciles de identificar. Los dos pétalos superiores (muy reducidos en algunas especies) suelen ser menos llamativos y en este caso se pueden ver de un color más pálido y juntos bajo el sépalo central.
¿Y toda esa estructura blanca y violeta con puntos y el margen ondulado que sale por debajo de lo demás? Ahí está el tercer pétalo de las orquídeas. Se le denomina labelo y es el elemento más variable y llamativo de la familia, pues se modifica de una especie a otra, bien tomando forma de saco, imitando a hembras de insectos o sirviendo de anuncio para posibles interesados en alcanzar el dulce néctar.
Las especies que, como ésta, optan por producir néctar para atraer a los polinizadores lo hacen en un nectario, escondido al fondo de una estructura alargada llamada espolón, que se puede ver en la foto por detrás de la flor, curvado hacia arriba. De esta forma las orquídeas consiguen forzar a los polinizadores a intentar llegar hasta el fondo de la flor y de este modo se aseguran de que su polen quede literalmente adherido a ellos.

Detalle de las flores de Orchis mascula.
Detalle de las flores de Orchis mascula.

Sin duda, la fecundación de las orquídeas es una de las más sofisticadas de todas las angiospermas. Si el mismo Darwin dedicó un libro entero ("La fecundación de las orquídeas", 1862) a tratar las técnicas que éstas plantas han desarrollado para lograr su fecundación, creo conveniente hablar de este proceso en una futura entrada con la dedicación que se merece.

Y de propina...
El nombre "orquídea" proviene de la palabra griega ορχις (orchis) que además de al género de la protagonista de hoy, da nombre a la familia entera. Pues lejos de significar nada poético, en griego esta palabra significa "testículo" y dado que en nada se parecen sus flores a un par de esos; la causa se encuentra bajo tierra. Resulta que las especies del género Orchis forman unos tubérculos semifusionados que les ayudan a sobrevivir todo el invierno bajo tierra y que al señor Teofrasto, que escribió sobre este género allá sobre el siglo III a.C. le recordaron justo a eso: un par de testículos.
Aquí los tenéis.



Dominio
Reino
Subreino
Clado
Clado
Clado
Orden
Familia
Subfamilia
Género
Especie
Eukarya
Archaeplastida
(Plantae)
Embryophyta
Spermatopsida
Angiospermae
Monocotyledonae
(Liliopsida)
Asparagales
Orchidaceae
Orchidoideae
Orchis
O.mascula

3 de abril de 2016

Narcisismo evolutivo

Narcissus assoanus en flor en claro de bosque de Buxus sempervirens. Campodarbe (Huesca).
Narcissus assoanus en flor en claro de bosque de Buxus sempervirens. Campodarbe (Huesca).



Uno de los obstáculos más importantes a los que se enfrenta todo ser vivo para asegurar la supervivencia de su especie y avanzar en cuanto a evolución se refiere, reside en el intercambio genético entre individuos. Pero cuando nos centramos en las plantas, en su mayoría sin capacidad locomotora y dependientes de un sustrato concreto para su supervivencia; las dificultades para encontrar un método de cruzar sus gametos con los de otros individuos hacen ese obstáculo aún mucho más difícil de superar. Sin embargo, con el surgimiento de las angiospermas, hace 140 millones de años, el reino vegetal da un gran salto en este sentido. El propio Charles Darwin hablaba del "abominable misterio" al buscar una explicación a la rápida expansión y diversificación de las angiospermas por todo el planeta y sobre otros grupos vegetales en un periodo de tiempo tan breve, evolutivamente hablando.

Con su gran variedad de colores, formas y técnicas para atraer polinizadores, las flores suponen la especialización llevada a puntos insospechados en lo que a órganos reproductores se refiere. Gracias a ellas, la polinización pasa de ser anemófila (a través del viento) a zoófila (llevada a cabo por animales), por lo que la cantidad de polen que tiene que producir la planta se reduce enormemente, aumentando la eficacia del mismo y dándoles una ventaja muy notable. Si bien la energía necesaria para formar las flores y producir el néctar supone una importante inversión para la planta, es esta especialización la que ha llevado a las angiospermas a dominar el reino vegetal en la actualidad, al menos a nivel macroscópico.

La protagonista de hoy es una flor, sí; aunque algo diferente del típico esquema de la flor que a todos se nos viene a la cabeza cuando nos imaginamos sus pétalos, sépalos y demás. En el caso de la especie que protagoniza esta entrada, Narcissus assoanus, y de las monocotiledóneas en general, este esquema se ve bastante alterado. Esas estructuras amarillas que hacen esta flor tan llamativa tanto para sus polinizadores como para el ser humano, que desde antiguo la ha cultivado como adorno en sus jardines; no son pétalos, sino tépalos. Y esto tiene su explicación.
Como todas las flores, ésta también cuenta con cuatro verticilos, pero los dispone de forma diferente(esta imagen ilustra lo que sigue. Los dos verticilos externos o perianto (que formarían cáliz y corola en las dicotiledóneas), se disponen muy cercanos y tienen cada uno tres tépalos. El tercer verticilo, el androceo (conformado por los estambres), se ha unido a los tépalos en su base y ha formado una corona central, también de color amarillo y con seis anteras (tres superiores y tres inferiores) cargadas de polen en su interior. Y por último el gineceo, que es el más interno y está compuesto por el estigma, el estilo y el ovario con tres carpelos llenos de óvulos.

Y de propina...
Puede que te hayas dado cuenta de que hay algo de matemática en el número de carpelos, tépalos y anteras de N. assoanus. Resulta que en la inmensa mayoría de monocotiledóneas, las piezas florales van siempre de tres en tres o múltiplos de tres. En este caso: 6 tépalos (3 por verticilo del perianto) 6 anteras (3 superiores y 3 inferiores) y 3 carpelos en el ovario.




Dominio
Reino
Subreino
Clado
Clado
Clado
Orden
Familia
Subfamilia
Género
Especie
Eukarya
Archaeplastida
(Plantae)
Embryophyta
Spermatopsida
Angiospermae
Eucotyledoneae
Asparagales
Amaryllidaceae
Amaryllidoideae
Narcissus
N.assoanus

14 de febrero de 2016

Viajeras incansables

Vanessa atalanta en un claro de bosque de Quercus rotundifolia. Monte de El Pardo (Madrid).
Vanessa atalanta en un claro de bosque de Q. rotundifolia. Monte de El Pardo (Madrid).



Sufren una de las metamorfosis más espectaculares de todo el reino animal, cuentan con millones de escamas recubriendo sus alas y llevan a cabo impresionantes migraciones a lo largo de todo el globo. Las mariposas son uno de esos grupos de animales que ha suscitado gran interés a lo largo de la historia, tanto entre estudiosos de la biología como entre el público en general. Si bien la mayor parte de las personas estamos familiarizadas con estos insectos del orden Lepidoptera tan presentes en casi cualquier hábitat; lo cierto es que la cantidad de ellos que conocemos pone de manifiesto lo muchísimo que nos queda por descubrir. Si en la península ibérica habitan la nada desdeñable cifra de 229 especies de mariposas diurnas, cuando consideramos las cerca de 4.300 especies de lepidópteros nocturnos ibéricos es cuando nos podemos hacer una idea de todo lo que nos pasa desapercibido dentro de este grupo.

En este caso nos ocupa una de las especies que antes aparece dentro del año, y que no es extraño ver aprovechando el calor de los rayos de sol para activar su metabolismo en los días fríos de invierno. Desde principios de febrero podemos ver en nuestros campos a la Vanessa atalanta, perteneciente a la familia de los ninfálidos. Éstos, como el resto de insectos, cuentan con tres pares de patas; sin embargo, esta familia ha optado por reservar sólo dos pares para la locomoción y emplear las patas del par anterior, atrofiadas y recubiertas de pelo, a modo de cepillo para la limpieza de sus ojos y antenas que les serán de vital importancia para orientarse mediante la luz del sol durante sus viajes. Y es que esta especie, como otras muchas de su familia, lleva a cabo una migración digna de admirar teniendo en cuenta el pequeño tamaño de estos animales.

Vista frontal de Vanessa atalanta. Se aprecia el par de patas anteriores recubiertas de pelos blancos a modo de cepillo y las antenas con forma de maza características de los ninfálidos.
En una vista frontal se aprecia el par de patas anteriores recubiertas de pelos blancos a modo de cepillos, los palpos labiales que protegen y limpian la espiritrompa, enrollada entre ellos, y las antenas con forma de maza características de los ninfálidos.

La protagonista de esta entrada ha nacido en la península ibérica, pero pronto y sin más guía que su instinto y la posición del sol debe emprender un viaje de nada menos que 3.000 km. que le llevará hacia el norte de Europa, alcanzando incluso la península escandinava. Cuando llegue allí junto a otros ejemplares de su generación, se apareará, pondrá sus huevos y morirá tras cumplir su ciclo, dejando que sus descendientes sean los que hagan el viaje de regreso al sur de Europa y el norte de África.
Así, durante el otoño, las mariposas nacidas en el norte descendientes de las que podemos ver durante los meses actuales en la península, volverán a nuestras latitudes para poner fin a su ciclo vital y dejar preparada la puesta de la siguiente generación cuyas orugas se alimentarán mayormente de ortigas y volarán, convertidas en mariposas, a finales del invierno siguiente.

Y de propina...
Las mariposas que viven en alta montaña o en latitudes elevadas suelen tener colores oscuros para captar mejor la radiación solar y así obtener el calor necesario para activar su músculos alares sin gastar energía.



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Reino
Subreino
Clado
Filo
Subfilo
Clase
Orden
Familia
Subfamilia
Género
Especie
Eukarya
Animalia
Eumetazoa
Bilateria
Arthropoda
Hexapoda
Insecta
Lepidoptera
Nymphalidae
Nymphalinae
Vanessa
V.atalanta